Agustín Cosme Damián de
Iturbide y Arámburu nació el 27 de septiembre de 1783 y murió el 19 de julio de
1824. Fue un político y militar mexicano cuyas campañas fueron decisivas para
la independencia de México y América Central con lo cual se hace acreedor del
título de Padre de la Patria. Emperador de México con el nombre de Agustín I de
México.
Biografía
Nació en Valladolid (hoy
Morelia), ciudad ubicada en el actual estado de Michoacán. Hijo de José Joaquín
de Iturbide y Arreguí, oriundo de la Villa de Peralta, Navarra (España) y de
María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa, quien también provenía de una
noble familia de Navarra y Vizcaya.
Ingresó al seminario pero
pronto cambió su vocación religiosa por la carrera militar donde destaco: en
1797 ingresó al regimiento de su ciudad, donde fue nombrado subteniente, en
1806 teniente y en 1810 Capitán. Contrajo matrimonio, a los 22 años, con Doña
Ana María Huarte, de Valladolid.
Lucas Alamán describe a
Iturbide como hombre de buena estatura, hermoso, afable, de modales educados,
de conversación fácil y persuasiva. En su porte se notaba un aire de
distinción, que le ganaba la estimación y aun el respeto de sus jefes.
Iturbide, fue uno de los
militares que combatió como Realista contra los Insurgentes, en particular
Morelos. Cuando Hidalgo estaba en Valladolid, mandó llamar a Iturbide y le
prometió nombrarlo Teniente General si reunía sus fuerzas con él, y librar del
saqueo la hacienda de su padre, pero lturbide rehusó. La razón de esto la dio
en su manifiesto de Liorna al decir que no aceptó el tomar parte en el
movimiento libertador de Hidalgo porque le pareció muy mal trazado su plan y
que solamente produciría desorden, derramamiento de sangre y destrucción, sin
conseguir lo que pretendía. Los cuatro puntos en los que Iturbide sustentó su
rechazo se cumplieron en la anárquica y fraticida lucha de Hidalgo.
Su lucha en el norte del
país se prolongó hasta 1821 en que fue nombrado comandante supremo de todas las
fuerzas armadas. Durante este tiempo, fue conociendo a los insurgentes y
simpatizando con su causa, posteriormente se unió a Vicente Guerrero, quien fue
posteriormente importante colaborador en su derrocamiento junto con otros
miembros de las logias masónicas.
Bajo las garantías
Independencia, Religión y Unión Iturbide logró la pacífica realización del
Estado Mexicano reuniendo bajo un mismo ideal a indígenas, mestizos, criollos y
españoles.
Por iniciativa popular y
aprobación del Congreso se le hizo justicia al Libertador coronándole como
Emperador. Las logias masónicas y la ineptitud del Congreso para redactar una
Constitución iniciaron las conspiraciones para su derrocamiento y expulsión de
México.
Sabedor en el exilio, en
Europa, sobre amenazas internacionales sobre México, decide regresar como
soldado al servicio de la Patria. El Congreso, temeroso de su presencia, decreta
su ejecución por su decisión de regresar al país. Don Agustín de Iturbide y
Arámburu es ejecutado en Padilla, Tamaulipas el 19 de julio de 1924.
La Independencia
Plan de La Profesa
Hacia el año de 1818 la fase
militar de la insurrección de Morelos había prácticamente terminado y sólo se
sostenían D. Vicente Guerrero y Ascencio con sus guerrillas en el Sur, pero
aislados en las montañas, y aunque podían vivir y significar una molestia, el
virrey contaba con suficientes hombres para hacerlos inofensivos, así que hubo
dos años de calma relativa en la Nueva España. El actual territorio que
conocemos como México hubiera seguido siendo colonia española de no ser por la
astucia de Iturbide.
El triunfo de la revolución
liberal de Rafael de Riego en España en 1820 (apoyada por los liberales
expulsados a Inglaterra que se agrupaban en la masonería) desencadenó en la
Nueva España varios temores: por un lado, los sectores conservadores deseaban evitar
la aplicación de las medidas radicales que estaban impulsando los diputados en
las Cortes de Madrid; por el otro, los liberales novo hispanos quisieron
aprovechar el restablecimiento de la constitución liberal española de 1812 para
obtener la autonomía del virreinato. Los primeros, en sus reuniones de la
iglesia de la Profesa (llamada por algunos historiadores "Conspiración de
la Profesa"), estaban encabezados por el canónigo Matías de Monteagudo y
convencieron al Virrey Juan Ruiz de Apodaca para que designara a Iturbide
comandante general del sur. Mientras tanto, los liberales planeaban que el
compadre de Iturbide Juan Gómez de Navarrete, recién electo diputado a las
Cortes, promoviera un Plan de Independencia en Madrid, que consistía en llamar
a uno de los miembros de la familia real a México para gobernarlo. Al mismo
tiempo que esto ocurriera, Iturbide debía marchar al sur con sus tropas,
supuestamente para combatir al general Vicente Guerrero, uno de los pocos
dirigentes independentistas que quedaban, pero también para convencerlo de
unirse a un nuevo plan que conciliaba tanto los intereses y posiciones de los
liberales como de los conservadores.
Iturbide fue designado jefe
de la zona meridional o sea, de Michoacán y Acapulco con lo cual se encargaría
de luchar contra Guerrero. Obtuvo la promoción de Brigadier y el mando de su
antiguo batallón de Celaya. Al salir de México Iturbide escribía que esperaba
pronto dar gracias a Dios "por haber concedido la paz a todo el país y por
haber reconciliado los intereses de todos sus habitantes".
Plan de Iguala
Finalmente, Iturbide logra
convencer a Guerrero y llega a un acuerdo con él el 24 de febrero de 1821 en la
población de Iguala. Como consecuencia de ello, se proclama el Plan de Iguala o
de las Tres Garantías, un programa político cercano tanto a los
tradicionalistas católicos como a los liberales. Sus tres principios
fundamentales fueron:
Establecer la Independencia
de México de parte de España
Establecer la religión
Católica como única
Establecer la unión de todos
los grupos sociales.
Más tarde, estos tres
principios (Religión, Independencia y Unión) se convertirían en las Tres
Garantías que promovía el ejército que sustentaría al gobierno, al que, por la
misma causa, se le llamó Ejército Trigarante.
Según este plan, el gobierno
que adoptaría México como nación independiente sería el de una monarquía
moderada, cuya corona sería otorgada a Fernando VII (miembro de la Casa de los
Borbones), o en su defecto, algún otro príncipe europeo.
El plan suprimía, además,
las distinciones étnicas entre los habitantes de la hasta entonces Nueva
España; declaraba la igualdad de todos los individuos y, por lo tanto, en
adelante todos tendrían los mismos derechos.
Para gobernar al nuevo país
en lo que llegaba un príncipe a ocupar la corona, el plan proponía la creación
de una "Junta Gubernativa" y, posteriormente, una Regencia que se
encargaría de gobernar en lo que se elegía al nuevo emperador. Además
convocaría a Cortes para elaborar una Constitución.
El plan fue enviado, entre
otras personalidades, al Virrey y en la carta oficial que Iturbide le envió
escribía: "Conozco el tamaño de los males que nos amenazan. Me persuado
que no hay otro medio de evitarlos que el que he propuesto a Vuestra
Excelencia, y veo con sobresalto que en sus superiores manos está la pluma que
debe escribir: Religión, Paz, Felicidad o Confusión, Sangre, Desolación a la
América Septentrional".
Cuando sus soldados
terminaron de prestar su juramento al Plan de Iguala el 1 de marzo de 1821,
Iturbide cerró su fogoso discurso con estas palabras: "Soldados, yo juro
no abandonar la tarea que hemos emprendido, y si es necesario, mi sangre
sellará mi eterna fidelidad".
Ejército Trigarante
El Plan de Iguala exhortaba
a los insurgentes y guarniciones realistas a incorporarse al Ejército
Trigarante, cuyo líder sería Agustín de Iturbide. El ejército Trigarante, a
partir de su creación el 26 de febrero de 1821, continuó combatiendo contra las
tropas realistas (españolas) que se rehusaban a aceptar la Independencia de
México.
Iturbide conquistó el país
por aclamación. Siguiendo su plan de evitar todo derramamiento de sangre en
cuanto pudiera, y valiéndose de su atracción, se fue ganando uno tras otro a
los jefes, quienes acudían en tropel a ponerse bajo su bandera, tales como
Guerrero, Negrete, Herrera, Bravo, Guadalupe Victoria, Santa Anna y otros. Una
provincia en pos de otra se declararon en favor del Plan de Iguala en rápida
sucesión. El defensor de Querétaro era Luaces, e lturbide pensó en hacer una
visita de cortesía a su esposa; pero enterado de que ya se había retirado a sus
habitaciones, por ser de noche, resolvió ir a verse con Luaces en el mismo
campamento enemigo. En compañía de un solo ayudante partió hacia allá, y, al
ser detenido por la voz del centinela que gritaba "¿Quién vive?",
respondió tranquilamente: "Iturbide". Los soldados, sorprendidos, se
apiñaron para ver al valiente, y le abrieron paso para que entrase. Tales eran
sus maneras de conquistar los ánimos, que con instinto de hidalguía y magnánimo
corazón empleaba lturbide.
La provincia de Oaxaca
aceptó el Plan de Iguala en el mes de Julio de 1821, y entonces no le quedaron
a la antigua España más puntos que el Fuerte de Perote y las ciudades de México
y de Durango, con los puertos de Acapulco y Veracruz. El día 2 de Agosto el
Primer Jefe entró en Puebla en medio del delirante regocijo del pueblo. Alamán
refiere que algunos gritaron "¡Viva Agustín I!"
El 24 de agosto de 1821
Iturbide firma los Tratados de Córdoba con Juan O'Donojú, Teniente General de
los Ejércitos de España, que había sucedido al virrey Apodaca como máxima
autoridad española en México.
En cumplimiento del Tratado
de Córdoba, Iturbide nombró a los 38 miembros de la Junta de Gobierno. Más
tarde, en su Manifiesto de Liorna escribió que su intención había sido elegir a
los mejores hombres de todos los partidos y clases, ya que esa sería la única
manera en aquella sazón de contar con la opinión del pueblo. La Junta trabajó
febrilmente, y dio a lturbide los títulos de "Soberano" y
"Majestad" y determinó los pormenores de la solemne entrada del
Ejército Trigarante en México, para el 27 de Septiembre de 1821, que era el día
en que el "Libertador" cumplía 38 años.
Ejército Trigarante en la
Ciudad de México.
El 27 de septiembre el
Ejército Trigarante entró en la ciudad de México, para ese entonces, el
Ejército Trigarante estaba formado por 7.616 infantes, 7.755 de caballería y
763 artilleros con 68 cañones. La ciudad estaba loca de entusiasmo y en cada
casa se veían los colores de la Bandera de las Tres Garantías: Blanco
(Religión), Rojo (Unión) y Verde (Independencia). De los balcones de las casas
y edificios públicos colgaban ricos tapices, y las damas lucían sus sedas y
joyas de los días de gala. Por doquiera se notaba el delirio de alegría por el
gran Libertador. Llegado éste frente a la catedral, que se hallaba
suntuosamente adornada, se apeó del caballo, para entrar a dar gracias a Dios
por la victoria y la independencia. Luego cruzó hacia el Palacio Nacional,
antigua residencia de los Virreyes, donde le esperaba O'Donojú, el último de la
prolongada línea de Virreyes españoles, con otros oficiales del gobierno, que
le dieron una calurosa bienvenida. Luego salió al balcón donde pronunció un
discurso del que destacan las frases que siguen:
Mexicanos: Ya estáis en el
caso de saludar a la patria independiente, como os lo anuncié en Iguala... Ya
sabéis el modo de ser libres; a vosotros toca señalar el de ser felices... Y si
mis trabajos, tan debidos a la patria, los suponéis dignos de recompensa,
concededme sólo vuestra sumisión a las leyes, dejad que vuelva al seno de mi
amada familia, y de tiempo en tiempo haced una memoria de vuestro amigo.
Al día siguiente, la Junta
de Gobierno, presidida por el propio Iturbide, proclama el Acta de
independencia del Imperio Mexicano, se declaró que México era una nación
soberana e independiente de España, con la que solo mantendría en lo sucesivo
una amistad estrecha. Se constituye una Regencia de cinco miembros, también
presidida por Iturbide y de la que formaba parte O'Donojú. La Junta Provisional
Gubernativa nombra a Iturbide Generalísimo.
La Junta Gubernativa, presa
del primer desbordante entusiasmo por el Imperio Mexicano y por el Libertador,
votaron a su favor el regalo de un gran terreno de la nación, en Texas, de unas
20 leguas cuadradas, y un millón de pesos. Pero Iturbide no quiso aceptar
ninguna de estas muestras de afecto. También votaron que su sueldo fuese de
10,000 pesos mensuales, retroactivo al 24 de Febrero de 1821, fecha del Plan de
Iguala. Iturbide cedió la parte retroactiva al ejército.
La Unión que Iturbide quería
El Plan de Iguala estipulaba
una clave para lograr la independencia de México que fue la unión propuesta por
Iturbide en un plan que garantizaba que el español no sería expulsado, ni
perseguido.
El plan de Iguala hecho por
Iturbide tenía muchas cosas que lo recomendaban a un país cansado de guerras.
Proclamaba la independencia completa e inmediata respecto de España, agraciando
al mismo tiempo a los criollos y a los insurgentes; proclamaba también un trato
igual para criollos y españoles, atenuando con eso la alarma perpetua de los
gachupines; proclamaba asimismo la supremacía de la religión católica y la
intolerancia para las demás, y, lo más asombroso y significativo de todo,
colocaba las garantías de todas esas cosas en manos del ejército.
El sistema de castas tenía
dentro de sus aplicaciones limitar las ocupaciones de los habitantes de la
Nueva España en relación al escaño que ocuparan en ese sistema. Don Agustín de
Iturbide destrozó lo anterior estipulando en el Plan de Iguala que todos los
habitantes "sin distinción alguna: europeos, africanos e indios son
ciudadanos de esta monarquía, con derecho de ocupar cualquier puesto, de
acuerdo con sus méritos y capacidad, y sus personas y propiedades serán
respetadas".
Imperio Mexicano
Proclamación Popular
El 25 de febrero de 1822
comienza su actividad el Congreso Constituyente. Iturbide envió el 27 de marzo
de 1822, un cuestionario a las autoridades locales de los diferentes distritos
del país, haciendo diferentes preguntas, pero la más importante consistió sobre
la forma de gobierno que, según la opinión pública, debía adoptar México,
monarquía o República. Todos insistieron en la forma monárquica, entre ellos
Santa Anna: "la parte mas sensata e ilustrada del pueblo adopta el
gobierno monárquico constitucional. El republicano tiene pocos
partidarios...", afirmó.
La popularidad y simpatía
con las que contaba Iturbide dentro de todos los sectores de la sociedad, así
como la muerte de O'Donojú, lo marcaban como el candidato idóneo para ser
coronado emperador en sustitución de Fernando VII o de cualquier otro Borbón;
estableciéndose así la Corona mexicana en un mexicano, lo que sería bien visto
por los mexicanos pero que acarrearía la oposición de lo que ya comenzaba a
denominarse el partido borbonista, agrupado alrededor de las logias masónicas
del rito escocés. Pueblo, ejército, provincias, casi todo el clero apoyaban la
coronación de Iturbide. Sólo faltaba la opinión del Congreso.
En la noche del 18 de mayo
de 1822 una manifestación popular encabezada por el sargento mayor, Pío Marcha,
a través de las calles de la ciudad se dirigió hasta la residencia de Iturbide,
ubicada en las calles de Plateros. Ese clamor se extendió a todas las clases de
la sociedad. No fue una manifestación del "populacho", como se ha
escrito. Al asomarse al balcón de su casa lo convencieron de que accediese al
llamado del pueblo.
El 19 de mayo se presentó
una iniciativa al Congreso firmada por los militares, donde se le solicitaba
considerar el asunto de la elección de Iturbide como emperador. El salón quedó
lleno de una pintoresca muchedumbre de pueblo y de soldados, que aclamaban a
Iturbide, produciendo un tumulto indescriptible. Por fin se resolvió invitar a
Iturbide a poner orden. Al paso de su carroza por las calles, la muchedumbre,
en su delirio, desenganchó las mulas del tiro poniéndose a tirar de ella.
Iturbide por fin llegó a imponer un poco de orden.
El diputado Valentín Gómez
Farías presentó otra iniciativa, firmada por 46 diputados, pidiendo proclamarlo
como emperador. Afirmaba que deseaban recompensar al Libertador por todos sus
servicios otorgándole el trono, y que ese era también el deseo de las
provincias representadas por los diputados que firmaban. Un extracto del
documento estipulaba lo siguiente:
"Su valor y sus
virtudes lo llamaban al trono; su modestia, su desinterés y la buena fe en sus
tratados lo separaban. Si la soberbia España hubiera aceptado nuestra oferta...
ceñiríamos las sienes del monarca español con la corona del Imperio de
México... yo me creo con poder, conforme al artículo 3º del Tratado de Córdoba,
para votar por que se corone al gran Iturbide... Confirmemos con nuestros votos
las aclamaciones del pueblo mexicano, de los valientes generales y de los
oficiales y soldados beneméritos del ejército trigarante y así recompensaremos
los extraordinarios méritos y servicios del libertador de Anáhuac y
conseguiremos al mismo tiempo la paz, la unión y la tranquilidad que, de otra
suerte, acaso desaparecerán de nosotros para siempre".
Iturbide manifestó que se
sometería a lo que los diputados decidieran. Éstos tuvieron un primer debate
público, mientras que la multitud aclamaba a Iturbide. Fue una sesión en la que
intervino todo el mundo con la presencia del mismo interesado. Sesenta y siete
diputados votaron en favor en forma inmediata, mientras que quince votaron en
el sentido de que tenían que referir su voto a las provincias que
representaban. Nadie votó en su contra. Entonces el Presidente del Congreso
condujo primeramente al recién elegido emperador a su asiento, donde fue
aclamado con grandes aplausos, y después, en medio de las ovaciones populares,
fue llevado a su residencia.
El día 21 de mayo, con 106
diputados presentes, el Congreso acordó en forma unánime publicar el acta de la
elección de Iturbide. Se votó unánimemente también la confirmación de lo
resuelto el día 8, y el 22 de Junio el Congreso resolvió que la corona fuese
hereditaria. Por su parte Iturbide pidió que, en vista de la penuria del
erario, no se asignase nada fijo para el mantenimiento de la familia imperial.
Bolívar, al enterarse de la
proclamación, escribió: "Pocos soberanos europeos son tan legítimos como
él, y aun puede ser que no lo sean tanto".
Coronación
Procedióse á la ceremonia
después de colocadas en el altar las insignias imperiales; al empezar la misa
celebrada por tres obispos -excluido el de México, Pedro Fonte, que
discretamente había abandonado su diócesis para regresar a España, una vez que
ésta había rechazado el Tratado de Córdoba- el emperador y la emperatriz, ya
revestidos con el traje propio, se dirigieron a las gradas del altar, donde el
ministro consagrante les ungió según las prevenciones del ritual; bendijéronse
luego las insignias, y el presidente del Congreso (Mangino) tomando la corona,
la colocó sobre la cabeza de Iturbide y éste en la de la emperatriz; ocuparon
entonces un trono grande dispuesto al efecto, y el obispo celebrante, dichas
las últimas preces, volvióse a la concurrencia y exclamó en alta voz: ¡ Vivat
Imperator in aeternum!, a que contestaron los asistentes: ¡Viva el emperador y
la emperatriz!.. Concluida la ceremonia, el jefe de los reyes de armas en alta
voz exclamó: El muy piadoso y muy augusto emperador constitucional primero de
los mexicanos Agustín, está coronado y entronizado: ¡Viva el emperador! Los
concurrentes respondieron ¡Viva el emperador y viva la emperatriz!
A este imperio se suman las
también recién independizadas repúblicas centroamericanas. Durante este período
el territorio mexicano alcanza su mayor extensión: más de 5 millones de
kilómetros cuadrados (actualmente 2 millones), llegando desde el istmo de
Panamá al sur, hasta Oregon y el río Colorado, al norte.
Conspiración
Poco a poco se integrarían a
la vida política mexicana promotores de conspiraciones republicanas, como el
colombiano Miguel Santa María, y los antiguos diputados a las Cortes españolas
Miguel Ramos Arizpe y Mariano Michelena -organizador de las logias masónicas
del rito escocés en donde surgieron los principales centros de oposición de
Iturbide-. Un agente especial de Estados Unidos -el célebre y nefasto Joel R.
Poinsett- trabajó duramente para proponer el modelo republicano y oponerse a la
monarquía de Iturbide, sembrando la semilla de las logias del rito yorkino.
Liberado de la prisión de San Juan de Ulúa, el padre Servando Teresa de Mier
(quie había traido al masón apátrida Javier Mina) le informó a Iturbide que lo
desconocía como emperador. Durante los últimos meses de 1822 y los primeros de
1823 hubo un crecimiento de las logias antiiturbidistas, formadas por antiguos
borbonistas y por republicanos. El Congreso estaba lleno de enemigos al
proyecto de Iguala, e incluso hubo algunos que se opusieron a la garantía de la
unión. Muchos de los altos funcionarios del ejército imperial como los
insurgentes Bravo, Guerrero, y Victoria, así como Felipe de la Garza estaban
dentro de las conspiraciones para derrocar a Iturbide.
El Congreso se entretenía en
matar el tiempo, pero no llegaba al punto de hacer la Constitución, y se
declaró supremo. Ya se entiende que algunas de las dificultades provenían de la
falta de edad política, porque muchos de los diputados eran puramente
aficionados; pero con razón Zavala, el 29 de Agosto de 1822, siendo él mismo uno
de ellos, dijo enérgicamente al Congreso que se reformase a sí mismo; que la
selección de diputados había sido defectuosa; que ellos se habían declarado
soberanos, privando a Iturbide del derecho del veto; que todavía no se habían
dividido en dos cámaras, y así otras cosas. Iturbide dio la queja al Congreso
de que, después de ocho meses de sesión, no habían hecho nada para producir una
Constitución, lo cual era, después de todo, el fin principal de su convocación
como Congreso Constituyente, y todo se les había ido en perder el tiempo en
debates inútiles y poner obstáculos a su autoridad y poder. Por lo cual,
habiendo tenido Iturbide una conferencia con unos 70 u 80 diputados, generales
y ministros de estado –para determinar lo que debía hacerse-.
Las conspiraciones masónicas
tenían el propósito de derrocar el imperio de Iturbide a favor de la república,
pero fueron descubiertas y disueltas. Entre sus miembros había 66 congresistas,
que fueron aprehendidos. El 31 de Octubre de 1822, como Emperador Constitucional
de México disolvió el Congreso y nombró una Junta Instituyente, que gobernase
mientras volvía a reunirse el nuevo Congreso. Este, sin embargo, nunca se
reunió. Las razones de Iturbide fueron las siguientes:
...la Nación confiaba que el
Congreso Constituyente dictaría leyes sabias que organizaran el Gobierno e
hicieran la felicidad del Imperio... Así lo creyeron todos los pueblos, pero
una desgraciada experiencia ha hecho ver que lejos de cumplir con exactitud sus
deberes, entró en empeños muy distantes de su instituto, contraviniendo desde
el mismo momento de su instalación a las facultades que se confiaron a los
diputados por las provincias, arrogándose títulos y atribuciones que no les
corresponden, y viendo con una fría indiferencia las necesidades del Estado, la
administración de justicia, la suerte de los empleados, y las miserias del
Ejército que de todas maneras ha pretendido diseminar, sin embargo de que
muchos de los mismos diputados procuraron disuadirlo de semejantes procederes.
Se instaló (con apoyo de
algunos diputados, como Lorenzo de Zavala) dicha Junta Nacional Instituyente
encargada de redactar una Constitución. Ésta aprobó el 22 de febrero de 1823 el
Reglamento Provisional Político del Imperio Mexicano; se trataba de un
documento político provisional, no una Constitución para el imperio, ya que la
intención permanente de Iturbide siempre fue que el Congreso Constituyente
dictara la Constitución del estado.
El 6 de diciembre Santa Anna
y Guadalupe Victoria proclaman el Plan de Veracruz, exigiendo la reinstalación
del Congreso. El 21 de Diciembre las tropas de Santa Anna y las de Iturbide se
encontraron en Jalapa, y el rebelde fue derrotado, quedando tan humillado y
descorazonado, que pensó en emigrar a los Estados Unidos, y hasta tenía ya
listo un buque en Veracruz. El 24 de enero de 1823 Vicente Guerrero y Nicolás
Bravo se pronuncian a favor. Mientras tanto, Iturbide envió al general
Echávarri contra Santa Anna; pero Echávarri no consigue reducir a los
republicanos, de modo que, antes de ser destituido por el emperador, proclama
el Plan de Casamata el 1 de febrero, con el que pretendía mantener al emperador
en el trono y convocar un nuevo congreso, pero sin duda minaba a ambos. Lucas
Alamán afirma que:
El único aunque disimulado
objeto del de Casa Mata fue derribar á Iturbide, á lo que concurrieron aun sin
entenderlo, los numerosos enemigos que éste se había hecho con la prisión de
los diputados, disolución del congreso, préstamos forzosos, ocupación de la
conducta, medidas contra los españoles, proclamación y coronación de emperador,
y tantas otras causas que habían ido acumulando materiales para el incendio que
tan pronto se propagó en todas direcciones. Los masones, pues, desde que
preponderaron en ellos los diputados que regresaron de España, siempre
quisieron una República central, que dependiese enteramente de ellos ó de sus
amigos y gobernada por las logias.
Abdicación
Iturbide pudo entonces
aplastarlos militarmente, dado su enorme prestigio ante el pueblo y gran parte
del ejército, pero ello implicaba arrastrar al país a una nueva y sangrienta
guerra civil; prefirió, por el contrario, ceder a las presiones de los rebeldes
y restableció al desprestigiado Congreso el 4 de marzo de 1823. Ante éste
abdicaría la Corona del Imperio Mexicano el 19 de marzo de 1823.
El 30 de marzo Iturbide
abandona la capital escoltado por Nicolás Bravo y el 11 de mayo se embarca
rumbo a Europa. Iturbide decidió abdicar, dejar la Corona y alejarse del país
para evitar la desunión, antes de sofocar militarmente a sus enemigos. Nuevo y
grande mérito que se le ha regateado. El día anterior a su salida de la capital
dirigió una exposición al Congreso en la que asentaba que: "si la nación
mexicana, dichosa con la felicidad de sus hijos, llega al punto que debe ocupar
en la carta de las naciones, yo seré el primer admirador de la sabiduría del
Congreso; me gozaré en la felicidad de mi patria, y terminaré gustoso los días
de mi existencia".
Destierro y Muerte
Estancia en Europa
Permaneció un tiempo en
Liorna, Italia, donde redactaría su manifiesto. Enterado de los planes de la
Santa Alianza (Austria, Prusia y Rusia) para ayudar a España a recuperar el
dominio sobre el antiguo reino novo hispano, el primero de enero de 1824 partió
hacia Inglaterra. Radicó primero en Londres -donde se entrevistó con don José
de San Martín- y después en Bath. En este país planearía su retorno a México.
Desde su exilio, se mantuvo en comunicación con algunos de sus partidarios en
México, en especial con algunos políticos de Guadalajara y con militares de
Chalco, quienes conspiraron para derrocar al gobierno republicano de la ciudad
de México y traer de regreso al país al depuesto emperador. El 13 de febrero de
1824 Iturbide envió una carta al Congreso mexicano en la que lo prevenía sobre
la posible invasión de México por fuerzas de la Santa Alianza, y se ponía a la
disposición del país para prestar sus servicios como militar en la defensa del
país:
Londres, 13 de febrero de
1824. Por amor a la patria di el grito de Iguala, él me hizo salir de ella
arrostrando graves obstáculos, y arde hoy en mi pecho de la misma manera, sin
que hayan sido bastantes para sofocarlo, ni los términos en que fue concebido
el decreto de 8 de abril de 1823, ni las expresiones que algunas autoridades y
alguna corporación han vertido contra mi buen nombre, sin provecho, y sin
verdad; todo lo he visto como resultado de equívocos, y de pasiones de
individuos; respecto de la nación mexicana, no encuentro sino motivos de
reconocimiento y gratitud eterna.
Por esto luego que se
descubrieron de un modo claro las miras europeas contra las Américas, lo que
estuvo de tiempos muy atrás en mi previsión, resolví pasar a un punto donde
estuviese expedito para volver a servir a los mexicanos, si ellos lo querían, y
frustrar las medidas que para impedirlo presumí, tomaban algunos ministerios
enviados ante el gobierno de Toscana, y que posteriormente he visto confirmados
por hechos públicos que supongo en conocimiento de V. Soberanía.
A los representantes de esa
gran nación pertenece calcular, y decidir si mis servicios como un simple
militar, por el prestigio que acaso subsistirá en mi favor, pueden ser de
utilidad para reunir los votos del pueblo, y contribuir con ello, y con mi
espada a asegurar la independencia y libertad de ese país; a mi toca solo
manifestar la disposición en que me hallo para servir y con sabido fundamento
puedo ofrecer que llevaría conmigo armas, municiones, vestuarios y dinero, y
protestar solemnemente que sirviese a México con su libertad asegurada, con una
voz sola, y con interés a todos sus habitantes, y sin enemigos poderosos que
combatir, no haría sino felicitarla por tanta ventura, y congratularme
cordialmente con ella desde mi retiro. Ni mis deseos ni mis palabras, deben
interpretarse: la felicidad verdadera de mi patria es lo que siempre quise y
por ella hago al Todopoderoso fervientes votos. Agustín de Iturbide.
El 8 de marzo escribió otra
carta dirigida a Miguel Ramos Arizpe, a Miguel Guridi y Alcocer y a Antonio
Gama, que sin embargo no envió. En ella les decía:
...salí de Liorna cuando se
proyectaban expediciones armadas contra las Américas... México sin entregarse a
vanas lisonjeras esperanzas, pensase en los enemigos que tiene que combatir...
¿Por qué no tienen Uds. en Londres y en París a lo menos agentes secretos, de
talento, de crítica y de un verdadero interés por ese país?... Considero que
por diversas circunstancias es muy remoto que se acepte mi oferta hecha al
Congreso, y entre otras razones por la de que muchos no querrán y otros no
podrán conocer que no tuve en mis acciones públicas otro interés que la
felicidad de nuestra patria...
Además, antes de salir de
Inglaterra escribió otras cartas a sus amigos especificando las razones por las
que había decidido regresar a México: defender la independencia de su país y
evitar la anarquía. Si hubieran sido las intenciones que temía el Congreso,
otra temática hubiese aparecido en su correspondencia. En ésta no se encuentra
ninguna carta o documento donde se exhiban sus probables y "temibles"
aspiraciones para recuperar el poder. Temeroso el Congreso de los movimientos a
favor del imperio, lo declaró traidor, así como a quienes protegiesen su
regreso a la república. La pena para la traición era la ejecución sin previo
juicio.
Retorno del Libertador
El 27 de abril de 1824
Iturbide escribió al Congreso, a altas personalidades de Inglaterra y de los
países centroamericanos diversas cartas dándoles a conocer sus intenciones de
regresar a México para ayudar a su patria contra la amenaza de la Santa
Alianza. Salió el 6 de mayo de Londres y se hizo a la mar el 11 de este mismo
mes. Durante el viaje su labor epistolar prosiguió, mandándole cartas al
Congreso nacional, a los jefes políticos y comandantes militares, en las que
especificó las razones por las que retornaba. Estas cartas no circularon en
México, una vez que fracasaron los planes que tenía al desembarcar en Soto la
Marina. Escribió una carta al ejército, que en su momento había comprendido la
necesidad de la consumación de la Independencia; confiaba ahora en que
comprendería la gravedad del caso presente, y pidió la unión (otra vez la
unión, una de las tres garantías gracias a las cuales se consumó la
Independencia) entre todos para conservar aquélla.
Desconocedor de todos estos
debates y maquinaciones en su contra, ya en costas mexicanas, Iturbide, a bordo
del bergantín "Spring", mandó una segunda carta al Congreso
Constituyente el 13 de julio. También suscribió un manifiesto donde volvió a
ofrecerle sus servicios y a explicarle los motivos por los que había regresado,
aclarando que no venía como emperador, sino como soldado al servicio de la
libertad de su patria. Precisaba, sin embargo, que:
...Si el Soberano Congreso
general mexicano, no aceptase mis servicios serán prontos para cualquier Estado
de la Nación que los estime de utilidad, y se halle más en aptitud y decidido a
oponerse a las miras de la Alianza Europea. Siempre será para mi una complacencia
particular, multiplicar pruebas a la historia de que lo que quise
exclusivamente fue servir a la patria, al alcance de mis fuerzas, no dominarla
y menos contrariar su voluntad.
A bordo también del barco, y
pensando en su posible muerte, decidió escribir su testamento -algo apurado- en
que confesó su religión -católica, apostólica, romana-, recordó a su esposa e
hijos.
Desembarco
El 14 de julio de 1824 había
anclado la nave "Spring" en Soto la Marina, a bordo venían Iturbide,
su esposa -encinta-, sus dos hijos más pequeños, su sobrino José Ramón Malo, su
confesor, el coronel Beneski y unos cuantos servidores. Iturbide no conocía el
decreto de proscripción que se había dictado en su contra. Beneski desembarcó
primero para reconocer la situación y ver si Iturbide también podía
desembarcar. Al hacerlo, se encontró con Felipe de la Garza quien le preguntó
por Iturbide. Al saberlo en el barco le mandó una carta diciéndole lo mucho que
se le apreciaba y lo necesaria que era su presencia en el país. Iturbide, con
esta confianza, decidió desembarcar. Felipe de la Garza, en lugar de informarle
en esta carta del decreto que se había dictado en su contra, le tendió una
verdadera celada, seguramente para que desembarcara sin ninguna reserva y lo
pudiera apresar para aplicarle el decreto. Iturbide fue reconocido por su forma
de montar por José Manuel Asúnsulo. Éste inmediatamente lo informó a Felipe de
la Garza, quien lo alcanzó el día 16 de julio y le comunicó su condición
jurídica como resultado del decreto de proscripción de abril de ese año. El
decreto en su artículo primero no preveía un juicio para el caso de que
Iturbide cayera en el supuesto previsto. El sólo hecho de pisar tierras
mexicanas era suficiente para aplicar la pena de muerte, puesto que se sobreentendía
que ésta era la pena al delito de traición.
Iturbide, al tener
conocimiento de las intenciones del Congreso, tal vez pudo haber reembarcado,
pero prefirió quedarse para cumplir con sus deberes hacia su patria, tratando
de explicar a las autoridades de Tamaulipas y a las mexicanas las razones por
las que había vuelto. El 17 de julio, de la Garza le informó que de acuerdo con
el decreto sería fusilado en tres horas; posteriormente cambió de decisión y
suspendió la ejecución para llevarlo ante el Congreso de Tamaulipas y que éste
tomara la decisión sobre la suerte del prisionero. Hay que aclarar que aún se
establecía el Tribunal Superior de Justicia del joven estado de las Tamaulipas.
De camino a la villa de Padilla -donde sesionaba el Congreso- estuvieron
conversando; de la Garza destacó las virtudes de Iturbide, lo reconoció como
generalísimo, le devolvió su espada y lo dejó al mando de la tropa. Esta
actitud, nuevamente dio confianza a Iturbide de que el Congreso lo recibiría
para ser oído, sin pretender siquiera aprovecharse de dicha circunstancia.
El día 18, el Congreso de
Tamaulipas se reunió por primera vez en sesión extraordinaria y concluyó que se
aplicara el decreto de proscripción, violando los derechos de cualquier reo
para poder ser escuchado y defendido en juicio.
Ejecución
Fusilamiento de Iturbide
Iturbide pocas horas antes
de morir hizo un profundo análisis sobre su actuación respecto de su patria, y
no encontró ninguna razón objetiva por la cual el Congreso lo hubiera condenado
por traición. Como él mismo escribió el mismo día que lo condenaron a muerte:
Mi muerte es ya inevitable,
y sería en vano ya manifestar las sanas intenciones que me condujeron a prestar
mis pequeños servicios...; mas nunca he sido traidor. Con asombro he sabido que
vuestra soberanía me ha proscrito y declarado fuera de la ley circulando el
decreto para los efectos consiguientes. Tal resolución me hace recorrer
cuidadosamente mi conducta. No encuentro, señores cuál o cuáles son los
crímenes por los que el soberano Congreso me ha condenado. Yo quisiera saberlo
para destruir el error... suplico a vuestra soberanía que por su propio honor,
y aún más el de la gran nación que representa, lea de nuevo, y examine punto
por punto la exposición que le dirigí desde Londres el 13 de febrero, y la del
14 del corriente, para que sus deliberaciones sean dictadas con el tino que
exigen las circunstancias del momento. Suplico por último a vuestra soberanía
que no me considere como un enemigo, sino como el amante más verdadero de la
patria... Por estas razones he venido sin violencia y descubiertamente sin
preparativos hostiles, y me dirijo en todo por el camino más recto...
En el momento mismo de ser
fusilado se cuidó muy bien de aclarar que no era ni podía calificársele nunca
como traidor: "Mexicanos: ...muero con honor, no como traidor; no quedará
a mis hijos y su posteridad esta mancha; no soy traidor, no".
Le quedaban en los bolsillos
tres onzas de oro y quiso que las repartieran entre los soldados que iban a
dispararle. De pie, cara a la muerte, habló a la multitud atónita y conmovida
que contemplaba la escena. Su voz sonó, según un testigo, como en las mejores
arengas de sus días de triunfo: "Mexicanos, muero con honor por haber
venido a ayudaros y gustoso porque muero entre vosotros". Después rezó el
Credo y sonó la descarga.
Altar a Iturbide en la
Catedral
Sus restos fueron enterrados
en Padilla, hasta que en 1838, bajo la presidencia de Anastasio Bustamante, el
Congreso ordenó su traslado a la ciudad de México y su inhumación con honores
en la Capilla de San Felipe en la Catedral. Los restos del libertador fueron
trasladados con gran pompa a la catedral de México, donde reposan en una urna
cubierta por la bandera que él creó. El epitafio reza:
“Agustín de Iturbide, Autor
de la independencia mexicana, Compatriota, llóralo; Pasajero, admíralo. Este
monumento guarda las cenizas de un héroe. Su alma descansa en el seno de Dios.”
Bibliografía
·
Borrego, Salvador, América Peligra
·
Del Rio, Maricarmen, El papel de Agustín de
Iturbide en la transición pacífica de la independencia de México
·
Martínez del Campo Rangel, Silvia, El proceso
contra Agustín de Iturbide
·
Sada Sandoval, Enrique F, El camino hacia la
libertad
·
Universidad Autónoma de Guadalajara, Agustín
de Iturbide

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